Para Meditar


"...Estos postreros han trabajado una sola hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos soportado la carga y el calor del día." (Mateo 20:12)
 
Irónicamente la doctrina de la gracia, una de las doctrinas más reconfortantes del cristianismo, es a su vez, una de las enseñanzas más resistidas por algunos cristianos. La Biblia presenta que el pecador nada puede hacer para salvarse, de manera, que solamente un acto de la gracia divina puede salvarlo.
 
Luchamos contra la gracia de Dios, porque en el fondo creemos poder trabajar lo suficiente para alcanzarla o porque creemos que es injusto que Dios le pague a todos de la misma manera. Pero, es aquí donde radica el problema, por cuanto la gracia significa favor no merecido, pues de otra manera no sería gracia, sino deuda. Deberíamos abrazar la gracia con humildad y alegría, pues de lo contrario, estaríamos perdidos.
 
La gracia significa que los que se salvan en Cristo no obtienen lo merecido (la muerte). El perdón es una prerrogativa divina, no una deuda o un favor merecido. Dios no tiene por qué perdonarnos, ya que podría simplemente juzgarnos. La misericordia no es un atributo indispensable para la deidad, el ser justo, sí.
 
La próxima vez que sienta que es merecedor de algo mejor que otros, recuerde, que aun por un solo pecado suyo, Cristo hubiera tenido que padecer de la misma manera en la cruz para salvarlo. No olvide que la gracia debe ser gracia, a fin de salvar, por lo que de otra forma sería deuda y exigiría nuestra muerte.
 
Pastor Gilberto Miguel Rufat

 

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“Oye, oh Dios, mi clamor; A mi oración atiende. Desde el cabo de la tierra clamaré a ti, cuando mi corazón desmayare. Llévame a la roca que es más alta que yo.”
(Salmos 61:1-2)